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Terra
La Coctelera

VELLOCINO ENCENDIDO 1

POEMAS

2006

POR

ADRIANA SALOME

De niña caminaba sin rumbo las praderas del fuego
crecía de lilas vestida bajo un sol de fuego ligero.
Vi estupendo paraísos de arreboles rosados y en la ventana de la casona de mi abuela contemple los sueños lisérgicos de Alicia en el país de las maravillas.
Miraba pájaros de vuelo secreto, que cortaban las aéreas avenidas de la vía Láctea.

Cuando empecé a sentir mi piel quemando…
Llego una herida…
Y manó como un rojo manantial de primavera entre mis piernas.

Sabía que tenía un cuerpo.
Y un cabello que crecía en las espigas de un trigal dorado
bajaba a mi cintura.
Cuando me bañaba desnuda
Sabía de una estrella mística quemando abajo de mi ombligo.
Vellocino encendido, enmarañado, vegetal y dulce.

Le regalé primero un dedo.
Luego una mano de canto restregada.
Esos labios abiertos me daba la risa más pura
alta y secreta bajo la casa antigua.

Luego crecía, si yo crecía
crecía sin detenerme. Calcio longilineo y flexible.
Se quedaron cortas las faldas del colegio
Mis caderas siguieron una curva proclive a la música lenta
y los obreros me lanzaban piropos
en una lengua de constructores y peones.
Mi falda azul,
era la secreta mordaza en donde se agitaba entero, el vellocino encendido.

Tuve cuentos secretos
Para él…
Fantasías de la piel y la caricia.
Hombres hermosos en fotografías de colores vivos
y sueños con mancebos rudos de manos fuertes y vergas poderosas.

Mi vellocino se canso de las caricias…
Quería un caballo dentro.
Un centauro ebrio cabalgando hasta el fin de la noche.
Un sagitario oscuro sediento de mi sal y mi sonrisa.
Un árbol de leño en verano.
Una draga dulce que abriera el cauce.
Un guerrero calvo de escudo y lanza.
Un animal abstracto de carne, y ariete de sangre.

Y entonces le abrí.
Lo abrí. Me abrí….
Lo deje sentir una noche contra una terraza.
El jadear del animal.
El ruido poderoso de la embestida.
El rasgar de la rosa pequeña, el pétalo ajado entre los muslos.
Y desde entonces arde
y su llama quema todo lo que toca,
desde mis pies hasta mi boca.

*Adrina Salomé: La poetisa más talentosa de Colombia en los actuales momentos. No se anda con rodeos va a lo suyo. Erotismo claro, acido y potente. Bebe en las fuentes estéticas de Safo, Anais Nin y Eleonora Ponferrat. Estos poemas del libro el VELLOCINO ENCENDIDO son una pequeña muestra de su trabajo literario.

VELLOCINO ENCENDIDO 2

POEMAS

2006

POR

ADRIANA SALOME

La primera vez que probé
el asta del beduino urbano,
sabía a sal y en su mirada de desierto crecía un oasis.
No tenía muchas palabras
pero sus ademanes eran perfectos.
Lo colocó en mi boca con naturalidad y fue como si toda mi vida
hubiese ejercitado mi lengua sobre la carne trémula,
sobre la corriente de la sangre y el dolor.
de rodillas y con mis manos sobre sus nalgas
Chupé desde su centro la sabia del camino.
Redondee los ásperos odres del néctar y luego adentro de la garganta
pude sentir un manantial de leche calida, adentro si
casi hasta ahogarme y luego,
sobre mi cara y sobre mi pecho una catarata.
El rudo beduino me bañaba
como el campeón que rompe su champaña
después de haber transitado por las rutas peligrosas.
Sobre mis senos
y hasta mi cintura el volcán caliente del beduino me ahogaba
Con esa virginal mamada, el beduino manaba
banana-milk del cocotero fresco.
Leche y noche de virgen sacrificada, estrellada y follada.

Alimentada crecí más.
Me hice más grande, alimentada con leche del beduino triste.
Cuando inclinada accionaba mi blow job
Sobre su potro almizclado…
Cantaba y jadeaba.

VELLOCINO ENCENDIDO 3

POEMAS

2006

POR

ADRIANA SALOME

Estuve en una ciudad fría.
No tenía amigos.
Algunos sátiros querían violarme.
Me perseguían desde la noche temprana.
Salía a buscar mis artilugios de ceremonias nocturnas
mientras los ladrones y los chulos
tendían sus trampas.
Encendían cigarrillos como quien enciende teas en el circo de un puerto.
Bajaban de las barcas del silencio
intentando atraparme con aires de rufianes románticos.
Sola de noche y día
trabajaba con mi mascara de teatro y regresaba
de ellos, a lo mío.
Una noche me atrapó el guapo de la calle.
Pancho no era muy alto, pero tenía fortaleza de beodo caliente
y un grosso delfín-manatí entre sus piernas.
Me arrastró al callejón del mercado bohemio.
Lo lleve adentro de mi vellocino sin oponerme.
Me violó sin miramientos…
El girasol impúdico, fue desojado también con maestría
sin aceite de oliva... con saliva.
Me amordazó y me azotó.
Me trató como a ramera,
me dio como a violín prestado con sus manos de arpista de la piedra.

Se puso violento y pesado...
Entonces grite buscando un policía
que me quitara al neandertal de encima, al macho cabrio encabritado.
Me dominó y en medio del silencio y el frió, disfruté...

¡¡Azótame bruto, grito todavía!!
¡¡Azótame bruto, grito de alegría!!

Cuando recuerdo su noche de violador oscuro
que apunta de cuchillo, fuerza y verga
me hizo suya y marcó mi derrieer
deshojando de mi jardín preciado
el girasol nocturno.
Mi vellocino se ilumina y se calienta,
como un animal sediento que entra en la noche,
buscando la fuente de la sangre fresca.

VELLOCINO ENCENDIDO 4

POEMAS

2006

POR

ADRIANA SALOME

Estudiaba literatura por las noches.
El profesor de turno
abrió su libro en la clase nocturna
como quien abre un hermoso insecto y lo posa sobre el pecho de su puta predilecta.
Eran un varón. 40 años con una verga en plenitud de madurez.
Disfrutaba su poder y sabiduría
exhibiendo ropa de marca nueva y perfumada
y me rozaba cada que pasaba con su puya de academia
mientras nos leía la “Siesta del fauno” de un tal Verlen o Verlain.
Yo me ponía colorada y el macho se ponía arrebatado.
Una noche después de un examen oral
en donde no pude declamar de memoria una poesía de un tal Pietro Aretino.
(Cretino morboso, culeador del dieciséis o algo así.
Quien solo hablaba de vergas y meter la tres yardas en la cuna de velcro)
El profesor me ordenó que me quedara…
Yo le obedecí sumisa y dispuesta a todo,
con tal de ganar
esa materia densa y pegajosa como miel de abejas en verano.
Cerró la puerta, me dobló sobre su escritorio, bajo mis calzones azules.
(70% de algodón- 30 % de lycra). Y me sometió a una práctica brutal de spamkin
(caliente vocablo ingles, que más tarde conocí echa yo toda una dama)
Palmadas brutales sobre mi culo rosa.
Verga furiosa y bombeante contra mi parda rosa
y más palmadas del riguroso profesor
mientras me leía voz en alto, algunos de esos poemas morbosos.
Desde ese momento le tome amor a la literatura.
Por que dicen que la letra con sangre entra.

VELLOCINO ENCENDIDO 5

POEMAS

2006

POR

ADRIANA SALOME


Decidí conocer mundo
Salir de la aldea para conocer los secretos de la vieja Europa
Solo conociendo culturas que llevan siglos en el ejercicio de la depravación

se pueden alcanzar grandes logros filosóficos, y de los otros.....
Las cosas estaban más o menos atemperadas, se podría decir que civilizadas.
Monté un gabinete de disciplina en Venecia
Y azoté banqueros e industriales de las transnacionales,

ganaderos latinoamericanos y estrellas del celuloide norteamericanas que venían para el carnaval. Algunos embajadores y agregados culturales del tercer mundo bajaban de sus limusinas y eran exigentes y sumisos.
Mi tacón de bota negra laceró sus costillas y puso flores sangrientas sobre sus bocas.

Con mi fusta de yegua eléctrica les marqué como a esclavos y les cobré como a reyes.
Veraneaba en la Riviera; marché nocturna con licántropos hermosos en las noches de parisinas; me emborraché de oporto con ladrones lusitanos en el puerto primaveral de Lisboa y los otoños me la pasaba dando fuste y regla. Disciplina de madame en cuero negro contra esas grasientas posaderas.
Me fuí de la mano con un blandengue (Arquitecto francés) que no aguantó el castigo. Había pedido media hora de sumergidas en la bañera de un hotel con las manos amarradas. Burbujeaba y pedía más, hasta que sus pulmones no aguantaron. Un paro cardiaco.
El jefe de la policia local era cliente amigo y trabajaba para la cosa nostra.
Unos dolares arreglaron el aunto.
Pagué las cuentas, arreglé mis asuntos económicos, vendí el gabinete a una madame Irlandesa que tenía practicas más gore. Y sali muy elegante por la gare de Santa Lucía.
Y regresé con el parné, pero ya venía desencantada de esa vida de orgía oscura.

Pero esa era otra etapa y otra historia.